En un reciente despliegue de ayuda ante la crisis de incendios en León, los Bomberos de Navarra han compartido sus impresiones sobre la magnitud de la situación. Al llegar al terreno, los profesionales se encontraron con un panorama devastador, caracterizado por frentes de llamas expansivos y un entorno natural de una agresividad inaccesible.
El suboficial Luis Migueliz, parte del Área Forestal del Servicio de Bomberos de Navarra, detalló que el equipo está formado por 24 efectivos, incluidos dos suboficiales y cuatro cabos. Este contingente trabajará en turnos de doce horas, tanto de día como de noche, con la intención de ofrecer una respuesta eficaz y organizada en la lucha contra el fuego. Este equipo es equivalente a dos brigadas y está provisto de vehículos especializados para combatir incendios.
Desde su llegada, la prioridad ha sido la protección de zonas pobladas. Migueliz explicó que, después de una evaluación inicial de la situación, tuvieron que recalibrar sus estrategias y planes de acción ante la velocidad con que avanzaba el fuego. Recientemente, llevaron a cabo una quema controlada que fue crucial para desviar el avance del fuego hacia un valle cercano, logrando reducir el impacto inminente.
A pesar de la gran labor que estaban llevando a cabo, el suboficial destacó la fatiga acumulada entre los equipos que ya estaban en el lugar, quienes habían estado lidiando con incendios de gran magnitud durante varios días. Sin embargo, la comunidad local mostró una hospitalidad conmovedora, ofreciendo apoyo logístico y recursos a los bomberos, quienes se sintieron gratamente acogidos por la población.
Entre los desafíos, Migueliz mencionó la ausencia de cobertura, tanto de telefonía móvil como de comunicaciones radiales, un aspecto crítico para la seguridad del equipo. Esto obligó a los bomberos a mantenerse a la vista entre ellos y a comunicarse a través de radios portátiles, limitando su capacidad para actuar de manera más autónoma.
Adicionalmente, la inestabilidad meteorológica y los vientos intensos complicaron aún más la situación. Según Migueliz, el comportamiento errático del fuego y su respuesta explosiva ante la vegetación local convertían cada maniobra técnica en un ejercicio de alto riesgo, lo que requería una atención cautelosa y constante por parte de los bomberos en el इलाके.
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