En un evento reciente, un grupo de diversas organizaciones sociales se reunió en la Plaza del Ayuntamiento de Pamplona para rechazar la violencia racista que ha tenido lugar en Torre Pacheco, Murcia. Durante la manifestación, resaltaron la necesidad de alertar a la comunidad sobre el aumento de actitudes xenófobas e islamófobas que afectan a los migrantes, especialmente a la población de origen magrebí.
Entre los grupos que participaron se encontraban Sos Racismo Nafarroa, Salhaketa Nafarroa, y Oxfam Intermon, entre otros. Estas organizaciones unieron sus voces en un esfuerzo por crear conciencia sobre esta problemática social que, según sus afirmaciones, no es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia más amplia y preocupante.
La concentración, que comenzó al mediodía, se caracterizó por su fervor, con cantos que instaban a la inclusión y al rechazo del racismo en los barrios, enfatizando que la legislación que regula la extranjería tiene consecuencias fatales. A media jornada, los asistentes leyeron un comunicado en español y euskera que reflejó sus sentimientos acerca de la situación actual.
El mensaje central de los organizadores fue claro: la reciente ola de violencia es el resultado de un discurso de odio que ha sido alimentado por años de desinformación y un manejo mediático que criminaliza a los migrantes. Aseguraron que estos hechos no pueden ser ignorados ni considerados como simples incidentes aislados.
Además, advirtieron que hay una responsabilidad compartida, no solo de aquellos que perpetúan el discurso de odio con fines políticos, sino también de quienes prefieren permanecer en silencio y evitar confrontar el racismo institucional. Este silencio, afirmaron, contribuye al mantenimiento de estas narrativas dañinas.
Los organizadores del evento abordaron la complejidad del problema del racismo, señalando que el verdadero desafío radica en cómo abordar la desigualdad y en cómo construir una sociedad que promueva la igualdad de derechos para todos. Consideraron que luchar contra la inseguridad mediante el control y la represión no es la solución adecuada.
De esta forma, hicieron un llamado a la acción para crear redes de apoyo entre comunidades, promoviendo un ambiente seguro para los migrantes y racializados. Insistieron en que la visibilización del racismo estructural y la denuncia de las violencias sistemáticas deben ser una responsabilidad compartida, sin delegar esa tarea a las instituciones que, según ellos, son parte del problema.
Finalmente, invitaron a la comunidad a establecer acciones autónomas que fortalezcan la solidaridad y la autodefensa, así como a participar en la construcción de prácticas antirracistas que se enfoquen en la educación crítica y la acción directa para desafiar y desmantelar los discursos de odio y las jerarquías sociales que alimentan la discriminación.
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