Qué hay detrás de la condena de 18 años a un hombre por violar y maltratar a su pareja en Pamplona
La Audiencia de Navarra condena a 18 años y 11 meses a un hombre por violar, maltratar y acosar a su pareja en Pamplona. Cabe recurso.
La Sección Segunda de la Audiencia de Navarra ha condenado a un hombre de 24 años, de origen boliviano, a un total de 18 años y 11 meses de prisión por agresión sexual, maltrato, acoso y amenazas contra su pareja en Pamplona. La sentencia puede ser recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia de Navarra.
El tribunal impone 13 años y 6 meses por un delito continuado de agresión sexual, la pena más alta del fallo. Añade 18 meses por maltrato habitual, 11 meses por cada uno de los dos delitos de maltrato no habitual, 15 meses por acoso y 10 meses por amenazas. Además, el condenado deberá indemnizar a la víctima con 15.000 euros en concepto de responsabilidad civil.
Los hechos se produjeron entre diciembre de 2023 y septiembre de 2024, durante una relación sentimental. Según los magistrados, el acusado controlaba la vida de la mujer desde el inicio: le exigía las claves de sus redes sociales, la aislaba de amistades y familia y decidía cómo vestía. La violación se sitúa a finales de enero de 2024. Cuando ella se negaba a mantener relaciones, el hombre la agredía e incluso la encerraba para imponer su voluntad.
La sentencia también recoge golpes, patadas, llamadas y mensajes en plena madrugada y amenazas de difundir vídeos íntimos. Estos episodios continuaron durante el embarazo de la víctima. El tribunal aprecia la agravante de reincidencia, ya que el condenado había sido sentenciado en 2021 y 2022 por hechos de violencia de género.
La prueba central fue el testimonio de la víctima, que el tribunal considera preciso, coherente y creíble. Ese relato se vio respaldado por declaraciones de amigas de la denunciante, un informe del Servicio de Atención a la Mujer del Ayuntamiento de Pamplona, un dictamen de la psicóloga forense y mensajes intercambiados en redes sociales. La forense concluyó que la relación se basó en manipulación, dominación y control emocional. La víctima presenta ansiedad, baja autoestima y síntomas psicosomáticos.
El caso refleja la importancia de la valoración de la prueba en delitos de violencia de género, donde el testimonio de la víctima y los indicios periféricos adquieren un peso decisivo. También pone de relieve la utilidad de los informes periciales psicológicos para describir patrones de control coercitivo, que a menudo no dejan lesiones visibles. Queda pendiente la posibilidad de recurso, que determinará si la condena se mantiene en instancias superiores.