La Toma de Estella fue un importante acontecimiento en la historia de Navarra y en el contexto de las Guerras Carlistas en el siglo XIX. Estas guerras fueron conflictos armados que tuvieron lugar en España entre los seguidores del pretendiente carlista Carlos María Isidro de Borbón y los partidarios de la reina Isabel II. En el caso de Navarra, la guerra carlista tuvo un gran impacto debido a la fuerte presencia de simpatizantes carlistas en la región.
La Toma de Estella tuvo lugar el 12 de marzo de 1874, durante la Tercera Guerra Carlista. Esta guerra se prolongó desde 1872 hasta 1876 y fue un período de intensos enfrentamientos en todo el territorio español. En Navarra, la ciudad de Estella se convirtió en un importante bastión carlista, siendo un punto estratégico en la lucha por el control de la región.
Los carlistas, liderados por el General Tomás Domínguez Arévalo, contaban con el apoyo de una parte importante de la población navarra, especialmente en zonas rurales y entre la nobleza local. Por otro lado, las tropas liberales, al mando del General Arsenio Martínez Campos, estaban decididas a acabar con la resistencia carlista en Estella y restablecer el control del gobierno central en la región.
El asedio de Estella comenzó a finales de febrero de 1874, cuando las tropas liberales rodearon la ciudad y cortaron sus comunicaciones con el exterior. Durante varias semanas, se sucedieron los enfrentamientos entre ambos bandos, con intensos bombardeos y escaramuzas en las calles de la ciudad.
Finalmente, el 12 de marzo de 1874, las tropas liberales lanzaron el asalto final a la ciudad. Tras duras y sangrientas batallas, lograron penetrar en las defensas carlistas y tomar el control de Estella. La victoria liberal fue celebrada con entusiasmo en Madrid y otras ciudades del país, como un importante paso hacia la derrota definitiva de los carlistas.
La Toma de Estella tuvo importantes consecuencias tanto a nivel militar como político. Desde el punto de vista militar, la derrota de los carlistas en Estella supuso un duro golpe para su causa, debilitando su posición en Navarra y acelerando el fin de la Tercera Guerra Carlista.
En el ámbito político, la toma de Estella reforzó la posición del gobierno liberal de la reina Isabel II y contribuyó a la consolidación del régimen constitucional en España. Sin embargo, la paz definitiva no llegaría hasta la firma del Convenio de Amorebieta en 1876, que puso fin a la Tercera Guerra Carlista y sentó las bases para la reconciliación entre los bandos enfrentados.
La Toma de Estella es recordada como uno de los episodios más emblemáticos de las Guerras Carlistas en Navarra. A lo largo de los años, ha sido objeto de numerosos estudios históricos y ha sido evocada en obras de literatura y arte que han contribuido a mantener viva la memoria de aquel conflicto.
En la actualidad, Estella sigue siendo un importante centro cultural y turístico en Navarra, con un rico patrimonio arquitectónico que refleja su historia y su papel en las Guerras Carlistas. La Toma de Estella es parte de la identidad colectiva de la ciudad y una muestra de su resistencia y su lucha por la libertad y la justicia.