Las Cortes Generales de Navarra tienen su origen en la Edad Media, cuando los reyes de Navarra convocaban a representantes del clero, la nobleza y los municipios para consultarles sobre cuestiones de interés general. Estas primeras Cortes navarras se reunían de forma irregular y su composición variaba según la época y las circunstancias.
Fue en el siglo XIII cuando las Cortes de Navarra comenzaron a adquirir una mayor importancia y se consolidaron como un órgano representativo del reino. En esta época, se estableció un sistema de convocatoria regular de las Cortes, que debían reunirse al menos una vez al año.
Además, se fijó una composición más estable de las Cortes, con la presencia de representantes del clero, la nobleza y las ciudades. Cada estamento tenía un voto en las decisiones que se tomaban en las Cortes, lo que reflejaba la diversidad de intereses de la sociedad navarra en esa época.
Uno de los principales roles de las Cortes de Navarra fue la defensa de los fueros del reino. Los fueros eran un conjunto de leyes y privilegios que garantizaban la autonomía del reino de Navarra frente a los reinos vecinos, como Castilla o Aragón.
En varias ocasiones, las Cortes de Navarra se opusieron a las pretensiones de los reyes castellanos de anexar el reino de Navarra a sus dominios. Gracias a la labor de las Cortes, se consiguió mantener la independencia de Navarra durante varios siglos.
Con la llegada de la Edad Moderna, las Cortes de Navarra siguieron desempeñando un papel relevante en la vida política del reino. Durante esta época, se estableció un sistema de representación más complejo en las Cortes, con la presencia de las Juntas Generales de los Tres Estados: clero, nobleza y villas.
Las Cortes de Navarra también se encargaban de aprobar los impuestos y los gastos del reino, así como de legislar sobre cuestiones de interés general. Además, tenían la potestad de controlar los actos del rey y de proponer reformas en la administración del reino.
En el siglo XIX, con la abolición de los fueros de Navarra tras la anexión del reino a la corona española, las Cortes de Navarra fueron suprimidas. Con la creación de las Cortes Generales de España, Navarra pasó a estar representada en el parlamento español, perdiendo así su órgano de representación propio.
Aunque las Cortes de Navarra desaparecieron como órgano institucional, su historia y su importancia en la defensa de los fueros del reino perduraron en la memoria colectiva de los navarros. Hoy en día, las Cortes de Navarra son recordadas como un símbolo de la autonomía y la identidad de Navarra.