La ocupación de Pamplona por los visigodos fue un acontecimiento crucial en la historia de la ciudad y de Navarra en general. Antes de esta invasión, Pamplona había sido una ciudad romana, integrada en la provincia de Tarraconensis. Con la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d.C., la región quedó sumida en un periodo de inestabilidad y conflictos.
Los visigodos, un pueblo germánico que se había establecido en la península ibérica tras la invasión de los pueblos bárbaros, aprovecharon la debilidad del Imperio Romano para expandir su territorio. En el año 472 d.C., el rey visigodo Eurico conquistó la ciudad de Zaragoza, situada a pocos kilómetros de Pamplona. Este fue un primer paso en la ruta de expansión de los visigodos hacia el norte, que culminaría con la ocupación de Pamplona.
La ocupación de Pamplona por los visigodos tuvo lugar en el año 476 d.C., apenas unos años después de la caída del Imperio Romano de Occidente. El rey visigodo Teodorico II, sucesor de Eurico, decidió expandir su influencia hacia el norte y vio en Pamplona un punto estratégico en su ruta de conquista.
Las crónicas de la época señalan que la ocupación de Pamplona fue relativamente pacífica, ya que la ciudad estaba desprotegida y sus habitantes, en su mayoría campesinos y comerciantes, no pudieron resistir el avance de las tropas visigodas. Teodorico II se instaló en la ciudad y estableció un gobierno visigodo, imponiendo sus costumbres y leyes a la población local.
La presencia visigoda en Pamplona tuvo un profundo impacto en la sociedad y la cultura local. Los visigodos eran un pueblo germánico de tradición ariana, es decir, que seguían una versión del cristianismo diferente a la católica. Esta diferencia religiosa provocó tensiones con los habitantes locales, la mayoría de los cuales eran cristianos católicos.
Además de la influencia religiosa, los visigodos introdujeron cambios en la administración y la organización política de Pamplona. Se establecieron nuevas estructuras de gobierno y se impusieron impuestos a la población local para financiar el mantenimiento de las tropas visigodas en la ciudad.
Aunque la ocupación visigoda de Pamplona fue relativamente breve, su legado perduró en la ciudad durante siglos. Muchos de los monumentos y edificaciones que se conservan en Pamplona hoy en día tienen su origen en la época visigoda, como la muralla que rodea el casco antiguo o la catedral de Santa María la Real.
Además, la presencia visigoda dejó una huella imborrable en la identidad de los habitantes de Pamplona y de Navarra en general. La fusión de las tradiciones visigodas con las locales dio origen a una cultura única y rica en matices, que ha perdurado a lo largo de los siglos.
La ocupación de Pamplona por los visigodos fue un acontecimiento determinante en la historia de la ciudad y de Navarra. Aunque la presencia visigoda fue breve, su influencia perduró en la cultura y la sociedad local, dejando un legado que aún se puede admirar en la actualidad. Esta ocupación es un ejemplo claro de los cambios y transformaciones que ha experimentado Navarra a lo largo de los siglos, en su camino hacia la construcción de una identidad propia y única.