Crónica Navarra.

Crónica Navarra.

La expulsión de los navarros tras la conquista de Castilla

Antecedentes de la conquista de Castilla

Antes de abordar la expulsión de los navarros tras la conquista de Castilla, es importante contextualizar el escenario histórico en el que se desarrollaron estos acontecimientos. Durante la Edad Media, los reinos de Navarra y Castilla mantenían una relación compleja, alternando alianzas y enfrentamientos.

En el siglo XI, el reino de Navarra, bajo el reinado de Sancho III el Mayor, alcanzó su máximo esplendor territorial, extendiéndose desde los Pirineos hasta el río Ebro. Sin embargo, la muerte de Sancho III en 1035 provocó una división en el reino, dando lugar a conflictos internos y a la pérdida de parte de sus territorios.

La conquista de Castilla por parte de Castilla

En este contexto de debilidad navarra, el reino de Castilla, gobernado por Fernando I, inició una serie de incursiones en territorio navarro con el objetivo de ampliar sus dominios. Durante el reinado de Alfonso VI de Castilla, en el siglo XI, se produjo la conquista definitiva de la ciudad de Toledo, lo que supuso un duro golpe para Navarra y el inicio de una política expansionista por parte de Castilla.

La conquista de Zaragoza en 1118 por Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona, supuso un importante avance en la expansión territorial de Navarra, pero también provocó tensiones con Castilla, que veía amenazada su hegemonía en la región. La batalla de las Navas de Tolosa en 1212, en la que participaron los reyes de Navarra y Castilla, supuso un punto de inflexión en el equilibrio de poder en la península ibérica.

Tras la conquista de diversas plazas fuertes por parte de las tropas castellanas, se produjo el episodio más controvertido de este conflicto: la expulsión de los navarros de diversos territorios. Esta medida, impulsada por los monarcas castellanos, tenía como objetivo debilitar a Navarra y consolidar el control de Castilla sobre las tierras conquistadas.

Los navarros, que habían sido tradicionalmente aliados de los castellanos en su lucha contra los musulmanes, se vieron de repente desplazados de sus tierras y obligados a abandonar sus hogares. Muchos de ellos buscaron refugio en Navarra, donde fueron acogidos por el rey Sancho VI.

Las consecuencias de la expulsión

La expulsión de los navarros tras la conquista de Castilla tuvo graves consecuencias para ambas partes. Por un lado, se deterioraron las relaciones entre los dos reinos, que pasaron de ser aliados a enemigos. Por otro lado, la presencia de población navarra en Navarra provocó tensiones internas y conflictos fronterizos con Castilla que se prolongaron durante décadas.

Además, la expulsión de los navarros significó la pérdida de mano de obra cualificada y la desestabilización de la economía en los territorios afectados. Muchas localidades se despoblaron y las tierras quedaron abandonadas, lo que afectó negativamente a la producción agrícola y ganadera.

El legado de la expulsión

A pesar de las tensiones y conflictos que generó en su momento, la expulsión de los navarros tras la conquista de Castilla dejó un legado duradero en la historia de ambos reinos. La pérdida de territorios y población por parte de Navarra debilitó su posición en la península ibérica y la obligó a replantear su política exterior.

Por su parte, Castilla consolidó su poder en la región y sentó las bases para la unificación de los reinos cristianos en la Reconquista. La expulsión de los navarros fue un capítulo más en la larga y compleja historia de las relaciones entre Navarra y Castilla, marcada por alianzas, conflictos y rivalidades.