La conquista de Castilla por Navarra es un episodio poco conocido de la historia medieval de la Península Ibérica. Para entender este acontecimiento, es imprescindible remontarse a los antecedentes históricos que llevaron a esta confrontación entre dos de los reinos más importantes de la época.
En la Edad Media, Navarra y Castilla eran reinos vecinos con una larga historia de conflictos y alianzas. Navarra había sido un importante reino en la Península desde la época de los romanos, mientras que Castilla había surgido como un reino independiente tras la caída del califato de Córdoba. Ambos reinos mantenían una relación de rivalidad y cooperación que se había prolongado durante siglos.
En el siglo XI, Navarra se vio envuelta en una serie de enfrentamientos internos que debilitaron su posición frente a Castilla. Aprovechando esta situación, el rey de Castilla, Fernando I, decidió lanzar una campaña militar para conquistar territorios navarros y asegurar su frontera sur. La conquista de Castilla por Navarra se presentaba como una posibilidad real para el rey castellano.
En el año 1085, el rey Sancho Ramírez de Navarra lanzó una ambiciosa campaña militar para expandir sus territorios y consolidar su poder en la región. Sus tropas avanzaron rápidamente hacia el sur, conquistando numerosas plazas fuertes castellanas y sometiendo a la población local a su autoridad.
La conquista de Castilla por Navarra no fue un proceso fácil ni pacífico. La resistencia de los castellanos fue encarnizada y prolongada, obligando a Sancho Ramírez a emplear tácticas de asedio y guerra de guerrillas para someter a los enemigos. Sin embargo, la superioridad numérica y logística de las tropas navarras acabaría por imponerse en la mayoría de los enfrentamientos.
Tras años de conflictos y batallas, Sancho Ramírez logró consolidar su dominio sobre Castilla y establecer una unión personal entre ambos reinos. Aunque la resistencia de algunos nobles castellanos persistió durante algún tiempo, la mayoría de la población aceptó la autoridad del rey navarro y se sometió a su gobierno.
La conquista de Castilla por Navarra tuvo profundas consecuencias en la historia de la Península Ibérica. Por un lado, se estableció una nueva frontera entre los dos reinos que perduraría durante décadas. Por otro lado, la unión entre Navarra y Castilla permitió a ambos reinos consolidar su poder y expandir sus territorios hacia el sur.
La conquista de Castilla por Navarra implicó la reorganización de los territorios conquistados, así como la incorporación de nuevas poblaciones y recursos a la corona navarra. Esta expansión territorial tuvo también repercusiones culturales, con la influencia navarra extendiéndose a las tierras castellanas y viceversa.
A pesar de que la unión entre Navarra y Castilla se mantuvo durante un tiempo, acabaría por desintegrarse debido a las luchas sucesorias y los intereses de las distintas casas nobiliarias. Sin embargo, la conquista de Castilla por Navarra dejó un legado histórico que perduraría en la memoria colectiva de ambos pueblos, recordando la importancia de la unidad y la colaboración en un contexto de constantes conflictos y rivalidades.