La Guerra de los Matiners, también conocida como la Tercera Guerra Carlista, tuvo lugar en Navarra entre los años 1872 y 1876. Esta guerra fue una continuación del conflicto carlista que se había iniciado en España en 1833, tras la muerte de Fernando VII. Los carlistas, partidarios de la rama legitimista de la familia real, se enfrentaban a los liberales, partidarios de Isabel II.
En Navarra, la Guerra de los Matiners se caracterizó por ser especialmente cruenta y violenta, con numerosos enfrentamientos armados y una gran cantidad de bajas en ambos bandos. Los carlistas contaban con un importante apoyo popular en la región, lo que complicaba la labor de las tropas liberales.
La Guerra de los Matiners se inició en 1872 con la proclamación de Carlos VII como rey de España por parte de los carlistas. Pronto se desataron los enfrentamientos en Navarra, con las tropas carlistas avanzando por la región y tomando posiciones estratégicas. Los liberales, por su parte, trataban de contener el avance carlista y reconquistar territorios perdidos.
Uno de los episodios más sangrientos de la guerra fue la Batalla de Oroquieta en 1873, donde se libraron intensos combates y hubo un gran número de bajas en ambos bandos. A pesar de la resistencia de las tropas liberales, los carlistas lograron imponerse en varios frentes y consolidar su dominio en la región.
Los Matiners, también conocidos como los voluntarios carlistas, desempeñaron un papel crucial en la Guerra de los Matiners. Estos combatientes eran en su mayoría campesinos y hombres de las clases populares que se unieron al bando carlista para luchar contra los liberales. Los Matiners eran conocidos por su ferocidad en combate y por su feroz lealtad a Carlos VII.
Gracias al apoyo de los Matiners, los carlistas lograron mantenerse en pie durante los años de la guerra y resistir los ataques de las tropas liberales. Sin embargo, la falta de recursos y el desgaste de la guerra empezaron a hacer mella en las filas carlistas.
Tras cuatro años de intensos combates y sufrimiento en Navarra, la Guerra de los Matiners llegó a su fin en 1876. La derrota definitiva de los carlistas se produjo en la Batalla de Montejurra, donde las tropas liberales lograron una victoria contundente que puso fin a la resistencia carlista en la región.
La Guerra de los Matiners dejó un saldo muy alto de víctimas y destrucción en Navarra, con pueblos enteros arrasados y familias enteras diezmadas. Tras el conflicto, la región se sumió en un periodo de reconstrucción y recuperación, tratando de dejar atrás los horrores de la guerra.
La Guerra de los Matiners dejó un profundo impacto en la historia de Navarra y en la memoria colectiva de sus habitantes. El conflicto carlista se convirtió en un símbolo de la lucha por la libertad y la justicia, y en un recordatorio de los horrores de la guerra civil. Las cicatrices de la Guerra de los Matiners permanecieron durante décadas en la región, marcando a toda una generación de navarros.
Hoy en día, la Guerra de los Matiners es recordada en Navarra a través de monumentos, museos y conmemoraciones anuales que honran la memoria de los caídos en el conflicto. La herencia de la guerra sigue viva en la región, recordando a las generaciones futuras la importancia de la paz y la reconciliación como pilares fundamentales de la sociedad.