La división territorial de Navarra tiene sus raíces en la historia antigua de la región. Desde tiempos inmemoriales, el territorio que hoy conocemos como Navarra ha sido habitado por diferentes pueblos y culturas que han dejado su huella en su organización territorial.
Uno de los primeros asentamientos en la región fue el de los vascones, un pueblo de origen preindoeuropeo que se estableció en el territorio alrededor del siglo I a.C. Los vascones tenían una organización social y política propia, con una estructura tribal y una división territorial en várdulos, caristios y autrigones.
En la Edad Media, Navarra experimentó un proceso de unificación de los diferentes reinos y territorios que la componían. Durante el reinado de Sancho III el Mayor, en el siglo XI, se logró la unificación de los reinos de Navarra, Aragón y Castilla bajo la corona navarra, lo que contribuyó a consolidar la identidad territorial de Navarra.
Este proceso de unificación territorial se vio reforzado con la incorporación de nuevos territorios, como Alava, Baja Navarra y Zuberoa, que ampliaron los límites de la región y le otorgaron una mayor cohesión territorial.
La organización territorial de Navarra se ha ido adaptando a lo largo de la historia a las necesidades políticas y administrativas de la región. En la actualidad, Navarra se divide en diferentes comarcas, que a su vez se dividen en municipios.
Las comarcas de Navarra son entidades territoriales con competencias en materia de planificación territorial, desarrollo económico y social, infraestructuras y servicios públicos. Cada comarca está formada por varios municipios, que son la unidad básica de gobierno local en la región.
Navarra se divide en 5 comarcas principales: Pamplona, Tudela, Estella, Sangüesa y Tafalla. Cada una de estas comarcas tiene sus propias características geográficas, culturales y económicas, lo que las hace únicas y distintas entre sí.
Las instituciones políticas y administrativas de Navarra juegan un papel fundamental en la división territorial de la región. El Parlamento de Navarra es el órgano legislativo de la Comunidad Foral y tiene competencias en materia de organización territorial y administrativa.
Además, el Gobierno de Navarra es el órgano ejecutivo de la Comunidad Foral y se encarga de la gestión de las políticas públicas en las diferentes comarcas y municipios de la región. También existen otras instituciones como las diputaciones forales, los ayuntamientos y las mancomunidades, que colaboran en la administración y el desarrollo de los territorios navarros.
En las últimas décadas, Navarra ha experimentado un proceso de descentralización y autonomía que ha reforzado su división territorial y su capacidad de autogobierno. La creación del Estatuto de Autonomía en 1982 otorgó a Navarra competencias exclusivas en áreas como la sanidad, la educación y la cultura, lo que ha permitido una mayor autonomía en la organización territorial de la región.
Este proceso de descentralización ha contribuido a fortalecer la identidad territorial de Navarra y a impulsar el desarrollo económico y social de la región. La división territorial de Navarra se ha convertido así en un elemento clave en la historia y la evolución de la Comunidad Foral, con una organización territorial que refleja la diversidad y la riqueza de la región.