En la ciudad de Pamplona, el 3 de diciembre, el arzobispo Florencio Roselló, responsable de la diócesis de Tudela, pronunció unérgido mensaje en el Castillo de Javier con motivo de la festividad de San Francisco Javier. En su homilía, Roselló reflexionó sobre la importancia de ver a cada persona como un ser humano sagrado, destacando que a menudo la sociedad actual enfatiza las diferencias en lugar de la unidad.
Roselló evocó la figura de San Francisco Javier, describiéndolo como un hombre de amplias perspectivas que trascendió fronteras. En sus palabras, el arzobispo subrayó la apertura del corazón de Javier, quien abrazó a todas las personas sin distinción, independientemente de su origen étnico, idioma o creencias religiosas. Este ejemplo de inclusividad se erige como un modelo a seguir en tiempos donde las divisiones parecen acentuarse.
El arzobispo afirmó que toda vida es una creación de Dios, lo que implica que atacar a cualquier individuo, sin importar su trasfondo o condiciones, va en contra de la misma esencia cristiana. Resaltó que para Francisco Javier, las personas evangelizadas eran reflejos de Cristo, tanto en su sufrimiento como en su anhelo de divinidad, promoviendo una evangelización integra que no solo aborda lo espiritual, sino también lo material y emocional.
Según Roselló, la labor de San Francisco Javier se caracteriza por su enfoque en el servicio y el amor profundo hacia los demás. Evangelizar no implica coerción, sino una invitación respetuosa y dignificadora a todos, poniendo en primer plano la humanidad de cada persona, sin que las ideologías marquen la pauta. Javier, insistió el arzobispo, coloca a las personas en el centro de la misión, especialmente a aquellos en condiciones más vulnerables.
El arzobispo también destacó que el Evangelio trasciende la mera concepción de una idea; es un fervor, un estilo de vida que debemos encarnar en nuestras acciones diarias. Roselló cuestionó cómo se está llevando a cabo la evangelización hoy, reconociendo el miedo que muchos tienen para compartir su fe en ambientes menos receptivos.
Además, Roselló alabó la capacidad de San Francisco Javier para poner a Navarra en el mapa global, resaltando la importancia de su legado en ofrecer un modelo de inclusión y respeto en una región diversa. En sus palabras, San Francisco Javier representa un enfoque renovador que nuestra sociedad contemporánea tanto necesita, donde cada individuo encuentre su lugar y sea escuchado.
El arzobispo también reflexionó sobre la disonancia entre las aspiraciones abiertas y democráticas de la sociedad actual y la realidad de una comunidad dividida. Reiteró el mensaje de Javier sobre la tolerancia y el respeto hacia los más desfavorecidos, poniendo énfasis en la necesidad de acercarse a ellos con sensibilidad auténtica.
Finalmente, Roselló rindió homenaje a los misioneros navarros, quienes continúan la tradición de San Francisco Javier al expandir el mensaje evangélico más allá de las fronteras de Navarra. Subrayó que su compromiso con los humildes y necesitados es digno de celebración, afirmando que la Iglesia de Navarra se extiende a lugares lejanos gracias al esfuerzo de estos valientes hombres y mujeres.
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